Uniforme

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Semiótica del uniforme

(articolo in spagnolo pubblicato su "Exit" #27, Uniformes)

 

Semiótica del uniforme

Catherine Balet. Identity series, 2004

La historia del vestido está ligada a la del uniforme militar. Varios accesorios y prendas de uso común deben su nombre, su hechura y su misma existencia a modelos y arquetipos presentes en los atuendos distintivos de tropas y oficiales, así como a trajes de héroes armados a menudo legendarios. Basta con pensar en la palabra "corbata", proveniente del término italiano cravatta, cuya etimología deriva de los soldados mercenarios croatas del ejército de Luis XIV, que llevaban al cuello una pieza de tela, o bien en la introducción en el ámbito de la moda del siglo XX de prendas como el trench coat, sobretodo que los ingleses utilizaron en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, o en el cárdigan, cuyo origen se remonta a la Guerra de Crimea, donde fue usado por las tropas de caballería al mando del séptimo conde de Cardigan, o en la bomber jacket, la cazadora que vestían los pilotos de los bombarderos de la Fuerza Aérea británica, o en el montgomery, chaquetón que lleva el nombre de un famoso general. Incluso la típica chaqueta masculina posterior a la Revolución Francesa desciende directamente del traje militar. Son todos ejemplos rigurosamente derivados de cuerpos militares masculinos, entre los que destaca como emblema la chaqueta, anhelado trofeo de igualdad sexual del movimiento de emancipación de la mujer de principios del siglo XX. La moda informal unisex nacida en la década de 1970 introdujo el verde militar y la tela de camuflaje como soluciones adecuadas para hombres y mujeres, aunque siguieran un modelo masculino que se erigía en neutro-universal del cuerpo cubierto.

Charles Fréger. Peintre,from Bleus de travail series, 2002-2003

El vestido contemporáneo y la historia de los atuendos militares están unidos por parasitismos implícitos o explícitos. Esta alianza, que no es más que una de las posibles traducciones de la relación multifacética entre moda y guerra, ha dado lugar a infinidad de análisis, semantizaciones y mitos. Se trata de una relación basada en signos recurrentes, entre los que se pueden incluir las banderas, los estandartes, los eslóganes, las decoraciones, los símbolos, que gozan de una segunda vida en las prendas de diario después de haber adornado atuendos distintivos o proclamado su inutilidad como el símbolo de la paz impreso en camisetas y mochilas. Incluso los accesorios transformados en habituales, como las botas militares, o transfigurados en un toque de estilo con cierto aire antiguo, como la boina, desempeñan un papel protagonista en esta selección recurrente que las modas hacen en los armarios de los guerreros, lo cual no revela necesariamente una vocación belicosa programática, al contrario, a veces puede servir para modificar de forma lúdica la estética mortífera de las armas. Se trata de un intercambio de signos que, en realidad, refleja un intercambio más profundo de sentido entre dos universos del derroche, de la dépense entendida en el sentido de Bataille: la moda y la guerra son, precisamente, "improductivas" porque tienen su fin en sí mismas, y ambas pueden colocarse del lado de un lujo antropológico, de un potlatch cuyos signos se multiplican en exceso.

Marco Bohr. Salaryman, Shinjuku Gyoen. Uniforms series, 2003-2004

En su ensayo titulado en italiano La società dell'incertezza, Zygmunt Bauman introduce, retomándola de Orwell, la imagen de la bota militar que aplasta un rostro humano1. El contexto en el que se evoca dicha imagen está relacionado con los análisis de los procedimientos a través de los cuales las sociedades, en especial las sociedades y los estados modernos, producen la figura del "extranjero" que Bauman define como "aquel que no se adapta a los mapas cognitivos, morales o estéticos del mundo"2. Las botas, sigue diciendo Bauman, forman parte de los uniformes, son símbolos "de los servidores del estado, entendido como fuente de todos los poderes y, sobre todo, del poder coercitivo sostenido por la autoridad legítima para `autoabsolverse de la acusación de crueldad inhumana’"3. En este sentido, la función del uniforme consiste en garantizar el poder estatal, marcar el límite entre el orden y el desorden. La imagen de las botas, metonímicamente unidas al uniforme del que son signo-índice, establece así un horizonte de certezas, un ámbito ordenado y clasificatorio de la existencia, y cuanto se sitúa fuera de él, se presenta como el reino de la incertidumbre y el caos. (...)